31 de marzo de 2010
Terremoto en Chile
El agua que mata
9 de marzo de 2010
Sistema Integrado de Transporte: El monopolio para todos
Por Darío SalazarVender nuestras empresas es un error que no podemos cometer. Propongo recomprar a Codensa, y volver a nuestra EEEB, pagar la plática que invirtieron y chao. Los servicios públicos deben ser de todos. Podemos tener accionistas que deben ser los mismos ciudadanos(as) y las utilidades deben servir para financiar a quienes necesitan salud, alimentación, cultura, recreación, vivienda. Esa es la verdadera seguridad social y democrática.
Concordante con esta reflexión, me permito traer el texto publicado en la Edición 48 de Sxxi, que a propósito del paro realizado en Bogotá por los transportadores, cobra validez y vale la pena volver a compartirlo.
Monopolio 100% para Bogotá. La gallina de los huevos de oro debe ser de todos
Transcurrir por las vías que hoy hacen parte del corredor de la III fase de Transmilenio es difícil, y los ciudadanos se resignan pensando que por allí van a tener en un futuro cercano, una forma de movilidad que aliviará sus tiempos de recorrido, así sea apretados o en condiciones asfixiantes, como sucede hoy con lo que ya conocemos.
La promesa del Metro se ve lejana, pero no perdemos la esperanza de que Bogotá lo tenga, porque ello hace parte de la infraestructura básica para movilizarse en cualquiera de los sentidos de la ciudad o salir de ella de manera más práctica. Pero ante tanta maravilla y orgullo, de lo cual los medios se han encargado de reforzar en el caso del Transmilenio, lo que nadie sabe, es de quién es en realidad esta empresa, y cuando se pregunta, siempre dicen que es una sociedad entre la ciudad y los operadores, y que sus resultados financieros se van en operación, o sea, la ciudad termina poniendo todo y ganando nada.
¿De quién son las calles, las avenidas, los semáforos, toda la infraestructura que tenemos como ciudad? No hay más dueño que los ciudadanos, y es nuestro capital social,
así que no se puede entender como nuestra clase política, permita que la ley del capital se trague nuestro patrimonio, nuestros recursos y fuera de ello, los ponga a su servicio, nos cobre y se quede con todo sin retribuir nada. Desde esta columna pido al Congreso de la República, al Concejo de Bogotá, a los ciudadanos(as), al alcalde Samuel Moreno, iniciar un movimiento por la bogotanización económica de Transmilenio, así como he pedido, desde antes que se construya, que el Metro no tenga otro dueño que Bogotá.
No es políticamente presentable ante los colombianos que el Polo Democrático Alternativo, como partido que gobierna a Bogotá, pase de agache frente a los temas de los servicios públicos y el transporte masivo, y es necesario que como partido de izquierda, pida, gestione y ejecute la democracia, en el amplio sentido de beneficiar con sus actos a las generaciones presentes y futuras. Permitir que Transmilenio siga siendo la gallina de los huevos de oro para unos pocos empresarios y socios, es permitir que muchos ciudadanos no tengan sustentabilidad en alimentación, educación, salud, recreación, cultura, seguridad social e infraestructura, en una ciudad que crece cada día en población desamparada, desplazada y empobrecida.
Es por ello mismo, que las políticas neoliberales que se han implementado en gobiernos anteriores, no pueden ser la misma carta de navegación de quienes representan los intereses de las mayorías, como debe ser el caso de quienes hoy gobiernan a Bogotá, ni podemos construir una ciudad para que solo los ricos se enriquezcan cada día más, mientras a los pobres les botan un refrigeriopara pasar el día. De acuerdo?
11 de febrero de 2010
9 de febrero de 2010
Desarrollo económico en América Latina y calidad de vida

Con el liderazgo del economista colombiano Luis Carlos Narváez, se llevó a cabo en Bogotá un evento que pasó silenciado por la gran prensa, y que tuvo como título “I Seminario Internacional de Desarrollo Económico y Calidad de Vida”. En este evento al cual asistieron invitados de Brasil, Argentina, Cuba y México, se dio la oportunidad de buscar estrategias económicas, sociales políticas y productivas para frentear la miseria común que bordea la mayoría de los pueblos de América Latina, caminos a la regionalización y al desarrollo, estrategias para la sustentabilidad y sostenibilidad de la biodiversidad, búsqueda y aplicación de la responsabilidad social y fortalecimiento de microfinanzas y sistema financiero para los marginados de la región.
“La pobreza no es solo un problema de equidad y justicia donde quienes pierden son los pobres, es también un problema de eficiencia donde pierde toda una sociedad que ve como mínimas sus posibilidades de alcanzar un óptimo de desarrollo económico con calidad de vida”. Esta sentencia que cobija al continente, desafía el modelo económico obsoleto y plantea que el camino que hemos seguido, mirando hacia dentro de nuestras fronteras, no nos permite ver las oportunidades de integración que debemos construir. Zafarnos de los tentáculos que ha impuesto el capital neoliberal, devorador de todo lo existente sea natural o humano y construyendo caminos diferentes es la única alternativa que tenemos.
La integración de la región supera los momentos políticos y muestra que existen muchas economías y relaciones entre las comunidades que construyen un tejido regional. La coyuntura vivida por Colombia, Ecuador y Venezuela, es un claro ejemplo de como la frontera económica trasciende e impone la negociación política. Esto nos debe llevar a pensar en las formas de gobierno que deben existir en la región y qué intereses protegen. Generar productividad y empleabilidad que mejore la calidad de vida, no lo van a hacer los grandes monopolios y las entidades financieras; debemos buscarlas a partir de reconocer los procesos alternativos que existen y permanecen en medio de la turbulencia del capitalismo.
Parte de la respuesta a esta integración se encuentra en “reconocer la biodiversidad, la frontera agroalimentaria y los recursos energéticos que alberga potencialmente la bioregión de América Latina y el Caribe y, a partir de esta estimación, proponer una estrategia alternativa sostenible y sustentable de inversión técnica, tecnológica y científica, que aproveche económicamente estos recursos ambientales y que genere bienestar social a las poblaciones pobres de la bioregión”. Esta línea de acción permite proponer el proyecto de Ecosociedad como camino común para el continente haciendo al mismo tiempo de la responsabilidad social empresarial una opción ética que contribuya de manera transversal a construir opciones sociales y económicas para que la pobreza no sea una forma de existencia, sino un recuerdo histórico, del cual debemos avergonzarnos.
El capital debe tener una función social sino ¿ para qué su existencia? El acceso al crédito debe ser para los que lo necesitan y su prioridad debe orientarse a quienes plantean proyectos productivos en esquemas asociativos o individuales con proyección social. Las enseñanzas y reflexiones expuestas en este Seminario, plantean también que la región requiere procesos educativos y participativos que definan esperanzas políticas. Las organizaciones asociativas y comerciales existentes en el sur, centro y norte del continente nos deben llevar a construir un solo bloque regional de mercado. América Latina y el continente todo, debe darse la oportunidad de dar el gran salto de integración y disfrutar su riqueza natural y humana, de tal manera que los derechos fundamentales sean su prioridad, respetando las diferencias y a partir de ello, construir el modelo de sociedad que como utopía tenemos todos los americanos: vivir en libertad, pero con responsabilidad.
Cada país desde su gobernabilidad ha de propiciar este camino, por ello es necesario entender que Colombia es una pieza clave en este rompecabezas y que sus líderes deben ayudar al país a salir de la encrucijada en que nos encontramos. Ese es el reto y es lo que nos espera. La dificultad es siempre una oportunidad para encontrar las mejores salidas.
Artículo del peridico sxxi.net - edición 52
De Copenhague 2009 a México 2010.La esperanza de América Latina

Pese a que desde 1997, con el protocolo de Kioto se viene haciendo presión por parte de los ciudadanos conscientes del colapso a que nos está llevando el desarrollismo, ningún país se compromete a un acuerdo obligatorio en reducción de emisiones, sino todos lo quieren hacer voluntario, es decir no vinculante, con ello podrán permitir que sus industrias y sus sistemas obsoletos de producción y disposición de residuos sean manejados a su antojo.
Aunque la cita era para 193 Estados, y literalmente todos acudieron, solo 15 de ellos decidieron qué hacer y se reunieron a puerta cerrada, sin llegar por si mismos a un acuerdo que le mostrara a los habitantes del Planeta y especialmente a los niños la responsabilidad que los mayores tiene con su presente y su futuro.
No bastaron 13 jornadas de reunión día y noche de los negociadores de los países ricos, para comprometerse en disminuir sus emisiones y decidir el apoyo a los países con economías menos prósperas e igualmente menos contaminadores.
Lo que se pudo observar en Copenhague fue humillante y vergonzoso, en el sentido de ver a la mayoría de los países del orbe impotentes y secuestrados durante 13 días, a las decisiones que nunca se tomaron, mientras que en las afueras del principal centro de convenciones de Dinamarca se reprimía y se encarcelaba a las organizaciones y líderes ambientalistas, quienes eran la voz de la conciencia de todos quienes creemos en una oportunidad de vida mejor, es decir en una ecosociedad.
Ni que hablar de la delegación colombiana, plegada a los intereses de los poderosos, estirando la mano al fondo verde para que el gobierno pueda continuar administrando recursos que atornillen el mal manejo ambiental del país, justificando que nuestra contribución de CO2 es mínima, mientras nuestros ríos agonizan pestilentes y las ciudades intermedias crecen en cinturones de miseria, se hunden en los desperdicios y no hay agua potable.
De Copenhague a México hay un año y una reunión intermedia en mayo, en Alemania. Por el bien de nuestra especie y de la vida, cada día debemos redoblar nuestros esfuerzos en proteger el Planeta y hacer ver lo equivocado que está el modelo capitalista y su empeño por hacernos vivir una felicidad superflua y consumista.
América Latina y los demás países del mundo, deben unir su voz en México a la de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, quienes fueron los únicos que se opusieron a la farsa de la ONU, en Copenhague, para mostrar que tenemos otra oportunidad y mostrar el camino a seguir, en la perspectiva de crear una sociedad ambiental y ecológicamente más amable para todos. La propuesta es que debemos seguir actuando en búsqueda de ese derecho.
Artículo del periódico sxxi.net - edición 53
5 de febrero de 2010
Ecosociedad - Humanismo Social y ambiental

Dicen los ancestrales indígenas que la naturaleza está muy disgustada con el hombre por la forma en que la ha ofendido. El aire, el agua y el suelo, están contaminados y el ser humano mantiene un modelo de vida que es el camino seguro a su desaparición. Explican que por ello, fenómenos como huracanes, tsunamis, terremotos, pestes, sequias y la misma guerra, es la forma como el planeta resolverá el problema con el ser que ha osado agredirle.
La Biblia por su parte, en Revelación o Apocalipsis, cuenta que a la humanidad le espera una devastación sin precedentes y solo aquellos que están en el sendero de la verdad tendrán la oportunidad de salir airosos y en el juicio, se podrá saber quiénes pueden seguir disfrutando del planeta vuelto un paraíso, donde las relaciones humanas estén basadas en un gobierno que no será humano, el cual garantizará la eternidad.
Sea una o las dos versiones ciertas, por algo están escritas, o sea han perpetuado en la tradición oral, indicando que definitivamente, estamos equivocados. El camino que hemos escogido no ha sido precisamente el del ser sino el del tener y en ese esquema la sociedad está haciendo un harakiri con su existencia.
El proyecto de Ecosociedad, busca realizar una reflexión continua en cada uno de nosotros y replantear lo que somos y lo que hacemos con nuestra vida, con nuestros semejantes, con la naturaleza, y la manera en que disponemos de lo que tenemos socialmente, para ayudar a quienes lo requieren.
Sin posar de espiritualistas o cristianos, lo cual debe ser, es necesario que lo que tiene el Estado, es decir lo que es público, sea distribuido de manera más equitativa y el que tiene dé y el que no tiene reciba y su proyecto de vida esté enfocado a su crecimiento como ser social económico, cultural y espiritual.
El capitalismo está en su fase superior y tendrán que venir, no un capitalismo humano, sino un humanismo que socialice el capital, o sea el patrimonio social, es decir el Estado. Hacia allá va el proyecto de Ecosociedad.
Este proyecto no es personal, es colectivo, y solo es posible con su participación.
Artículo del periódico sxxi.net - edición 54
29 de diciembre de 2009
Dario Salazar- Senador Polo 2010 - 2014




